El ordenamiento territorial permite organizar el uso del suelo y la ocupación del territorio de una manera equilibrada y sostenible. Hasta hace poco tiempo, acceder a información precisa para esta tarea implicaba una labor compleja y un camino sinuoso entre expedientes, mapas en papel y datos fragmentados.
Hoy, la disponibilidad de datos abiertos y georreferenciados del geoportal Mapas Córdoba, permite contar con una base sólida, abierta y actualizada para quienes, desde la gestión pública, la investigación y la consultoría, trabajan en procesos de ordenamiento territorial.
Descubrimos cuatro experiencias que ponen de relieve cómo el ecosistema de la Infraestructura de Datos Provincial se ha vuelto un insumo indispensable para pensar el territorio cordobés.
El desafío de planificar en localidades con recursos limitados
Carolina Peralta es arquitecta urbanista. Como investigadora y desde su equipo de consultoría Asesores Urbanos, se enfrenta a una realidad común en Córdoba: municipios y comunas medianas y pequeñas que necesitan crecer ordenadamente, pero carecen de grandes equipos técnicos propios.
Con una trayectoria que incluye planes en Villa Carlos Paz, Ticino, San Luis y Nono, Carolina coordina el Plan de Ordenamiento Territorial Ambiental (POAT) en La Cumbre y la revisión normativa en Colonia Caroya. Estos procesos suelen nacer de la urgencia, a partir de diversos conflictos sobre el territorio.
“Los proyectos para realizar planes de ordenamiento territorial, generalmente se viabilizan por conflictos urbano-ambientales movilizados por los vecinos de las localidades y que finalmente presionan a los municipios, que luego solicitan a la universidad o algún organismo algún tipo de asesoramiento técnico para su realización”, cuenta.
En el trabajo que realizan en La Cumbre en conjunto con el INTA y la Municipalidad para fijar los lineamientos de un plan de ordenamiento para el 2050, la conflictividad, deriva de la demanda de agua, las sequías y los incendios recurrentes.
Para Peralta, Mapas Córdoba es un material de consulta permanente. “Utilizamos la base de ríos, jurisdicciones, parcelas y límites municipales, pero también insumos críticos como la distribución de incendios forestales y las coberturas de suelo”, explica.

Imagen 1. Mapa de Índice topográfico de humedad de La Cumbre, con el Modelo Digital de Elevaciones y Curvas de nivel de Mapas Córdoba.
Además, destaca herramientas como los mapas de vuelos aéreos históricos para comparar el crecimiento de la mancha urbana y evaluar el impacto ambiental de ese desarrollo en el tiempo. También usan “los datos del Registro Civil como nacimientos y defunciones para calcular el crecimiento vegetativo por localidad y sus tendencias para un cálculo aproximado de la población y su saldo migratorio”.
La doctora en arquitectura e investigadora del Instituto de Investigación de Vivienda y Hábitat (FAUD-UNC) reflexiona: “Antes debíamos deambular por oficinas para ‘mendigar’ datos que no siempre llegaban o estaban en papel. Contar con esta información de manera abierta y gratuita es excepcional; democratiza la posibilidad de hacer buen urbanismo”.
Datos que conectan la academia con la gestión
Desde el ámbito universitario, Natalia Benito —arquitecta y docente en la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la UNC— integra el Centro de Estudios de Planeamiento y Territorio (CEPLAT). Su labor une la investigación científica con la formación de los futuros profesionales y el asesoramiento a municipios.
En sus clases de Planeamiento y Urbanismo, los estudiantes utilizan el ecosistema de IDECOR para realizar relevamientos exhaustivos de ciudades reales. Esto les permite generar diagnósticos asertivos, reducir la incertidumbre y aproximarse a un entorno profesional de alta complejidad.
En el campo de la investigación, Benito participa en un estudio sobre Indicadores urbanos de desarrollo sostenible en procesos de urbanización de localidades del Área Metropolitana de Córdoba.
“En este momento se están llevando a cabo los relevamientos de algunas localidades, donde contar con la información disponible en IDECOR, garantiza el acceso a información clave para la construcción de los indicadores y facilita la tarea de los municipios”, comenta.
Utilizan datos como el Catastro online, Modelo Digital de Elevaciones, Cobertura de suelo, Imágenes y vuelos, Establecimientos educativos, de salud y Registro Civil, Áreas Naturales Protegidas, entre otros. Su equipo construye métricas precisas —como la relación entre el consumo de tierra y el crecimiento poblacional— para evaluar si las localidades crecen de forma eficiente.
“En las actividades de extensión y asesoramiento técnico al sector público, la capacidad de superponer capas de información como catastro, redes de servicios y valor de la tierra permite realizar diagnósticos integrales y detectar conflictos que antes eran invisibles”, señala la arquitecta.
Planificar con la mirada puesta en el agua
El ordenamiento territorial no siempre sigue las líneas de un municipio. Damasia Julianes es arquitecta urbanista y junto a la comunicadora Marisa Breit coordinan algunas experiencias en campo del Programa de Ordenamiento Territorial Participativo de la Secretaría de Ambiente, Economía Circular y Biociudadanía de la Provincia, con un enfoque innovador: las biorregiones.
A diferencia de otras clasificaciones territoriales, orientadas por factores políticos o administrativos, las biorregiones se enfocan en la interacción entre los seres vivos y su entorno natural. Se trata de divisiones geográficas que se basan en características ecológicas, climáticas, geográficas y biológicas de un territorio.
Su trabajo se centra en las subcuencas hídricas, como la del Río San Antonio y Los Chorrillos, vitales para el Dique San Roque. Al planificar por cuencas, superan los límites políticos para enfocarse en la lógica de la naturaleza.
“El programa articula y trabaja con los equipos de gobierno de las localidades que integran las biorregiones que se abordan en cada proceso, propiciando a su vez la participación activa de la ciudadanía, instituciones y organizaciones sociales del ámbito local”, explican.
En sus talleres participativos, la información de Mapas Córdoba es la base de todo. “Es información territorial de gran valor porque centraliza lo que cada organismo provincial trabaja y produce”, comentan. Esto es vital para comunas pequeñas que no tienen recursos para generar su propia cartografía.
Julianes destaca que contar con una fuente confiable y validada ahorra meses de trabajo: “Tener que generar esa información por nuestra propia cuenta atrasaría mucho el trabajo, no solo por la producción, sino por el tiempo de verificación y validación de esa información”.

Imagen 2. Taller participativo en Mayu Sumaj, subcuenca del río San Antonio.
La participación ciudadana como motor del ordenamiento
Mercedes Ferrero también es parte del Programa de Ordenamiento Territorial Participativo de la Secretaría de Ambiente de la Provincia. Su labor se desarrolla en territorios de transformación acelerada, como la cuenca del Dique Los Molinos y el Embalse de Río Tercero, donde el cuidado del agua y el monte nativo es el objetivo central.
El desafío del programa es articular la autonomía de los gobiernos locales con una mirada regional compartida. Para ello, promueve un trabajo bio regional a través de un enfoque que involucra los gobiernos locales, el Estado provincial, y la participación protagónica de la comunidad.
En su labor, los mapas son el lenguaje común. En las instancias de ejecución del programa, usan recursos del geoportal provincial. En los talleres, se utilizan cartografías de Áreas Naturales Protegidas para que los vecinos reconozcan y se apropien de su entorno.
Ferrero detalla que además consultan desde información agropecuaria hasta datos de urbanizaciones y loteos en trámite. Estos datos son fundamentales para proyectar un futuro deseado en comunidades que han sentido un fuerte impacto urbanístico en los últimos años.
También consultan información cartográfica sobre Imágenes y vuelos fotogramétricos, y de las áreas quemadas.
“Contar con estos datos de manera abierta es primordial para que los procesos de ordenamiento territorial puedan ser participativos, tal como lo indica el marco normativo ambiental a nivel provincial, nacional y los acuerdos internacionales suscritos por nuestro país”, concluye la politóloga y doctora en Estudios Sociales de América Latina.

Imagen 3. Parcelario de Los Molinos, Ordenamiento Territorial Participativo.
Una invitación a mapear el futuro
Estas cuatro experiencias demuestran que la información geográfica ya no es un activo cerrado para especialistas, sino un bien público que potencia la planificación.
En ese sentido, Pablo Riveros, director de Ordenamiento Territorial de la Secretaría de Ambiente, Economía Circular y Biociudadanía de la Provincia pondera a la información geográfica de Mapas Córdoba como un insumo fundamental en su labor.
“El portal Mapas Córdoba no sólo funciona como un digesto clave para los procesos de ordenamiento territorial, con información geoespacial vinculada a la dimensión ambiental del territorio, sino también a dimensiones muy importantes como las actividades económicas, productivas, la dimensión social, la dimensión urbanística, de infraestructura y cuestiones que tienen que ver también con la cultura”, destaca.
Ya sea para resolver un conflicto ambiental, calcular la eficiencia de una ciudad metropolitana o proteger una cuenca hídrica, los datos de Mapas Córdoba están allí, disponibles para ser transformados en conocimiento y acción.
¿Conocías alguna de estas aplicaciones de los datos abiertos en el territorio? Te invitamos a explorar los mapas, conectar sus geoservicios, descargar los datos de Mapas Córdoba y descubrir la riqueza de información que define nuestro territorio.
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Colaboración:
Lic. Lucio Scardino,
Imagen de perfil:
Prof. Guillermo Gómez Gigena,
IDECOR




